SOMOS EL CORAZÓN DE TRIGO
tan amarillos de sol como los besos
amantes que siempre nos reconocieron.
En el túnel de labios entreabiertos
nace la música y el barro de la vida,
como un alfabeto de raíces profundas
que atan mi lengua a tu lengua semilla.
Afirmar la vida entonces, enlazar
la luz de la mañana a la ventana
abierta o al sueño que la abrirá.
El corazón del trigo, amor mío, somos;
el pan que del tiempo dora la espiga.
es un manto níveo donde los niños
juegan con relojes de arena, varados
en la piel sin olas de la vida.
De vez en vez es necesario –también digo-
dejar que el tiempo muera;
despacio, casi como un desafío,
para que el olvido teja otra punzada,
-ajena al rencor insano
que envenena las venas y la sangre-.
Y así, en la deriva de esa luz
en la que vamos siendo,
sombras hay que vuelven, como vidas paralelas,
como carne disfrazada de existencia
Y he dicho, otras veces, que qué sería
del humano sentir si todo fuera ahora
y el espejo sólo reflejara
el rostro modelado por los años.
volaban sobre tu cuerpo
y, sin embargo, el aire, como un enemigo
íntimo, agitaba las alas para alejarme.
El amanecer de tus ojos
llena de fulgor las horas imposibles,
esquivas sin ti.
En el reloj de tanta ausencia
los verbos más emotivos
duermen con nostalgia,
y las palabras cruzan las orillas,
desiertas, sin huellas, con el miedo
de herir lo que antes hubo.
Vacío de nada los bolsillos
y la pasión que incendia mi mente
me obliga a regresarte,
porque mi destino estaba esperando
escalar la cima del día siguiente.
Ajeno a cuanto digan
las bocas que desalojan la esperanza,
apelo a cuanto sé de ti,
a las noches que nos escondieron,
a los labios que agradecieron los besos,
al Dios bondadoso de los dones.
Y pido perdón por preguntar con la mirada,
por la lluvia de celos que empaña los cristales,
por el oficio de amar con que me entrego.
Aunque dentro del tiempo, como de ti,
me enorgullezca la eternidad
de ser más yo contigo.
- Antonio Albertus es profesor de Lengua y Literatura y poeta. Estos poemas pertenecen a su último libro, cuyo título estará en su cabeza. Albertus escribe a cada momento y en cada uno de sus ocupadísimos días. Le da tiempo a llamar a los amigos y agasajarlos con las palabras escritas. Reagrupa y titula, regala manuscritos. Tengo la suerte de oírle a menudo telefónicamente ¿tienes tiempo? Un deseo desde hace mucho era tenerlo aquí, tantas ganas tenía. Un abrazo, Antonio, gracias y revoltillo de besos.
Otras colaboraciones en SI TÚ LO DICES


