domingo, octubre 01, 2006

GRACIAS, CLARA

DOCUMENTO HISTÓRICO:
Discurso de Clara Campoamor
ante las Cortes el 1 de octubre de 1931, donde quedaría aprobado el voto femenino en España

Señores diputados:
Lejos yo de censurar ni de atacar las manifestaciones de mi colega, señorita Kent, comprendo, por el contrario, la tortura de su espíritu al haberse visto hoy en trance de negar la capacidad inicial de la mujer. Creo que por su pensamiento ha debido de pasar, en alguna forma, la amarga frase de Anatole France cuando nos habla de aquellos socialistas que, forzados por la necesidad, iban al Parlamento a legislar contra los suyos.
Respecto a la serie de afirmaciones que se han hecho esta tarde contra el voto de la mujer, he de decir, con toda la consideración necesaria, que no están apoyadas en la realidad. Tomemos al azar algunas de ellas.
¿Que cuándo las mujeres se han levantado para protestar de la guerra de Marruecos?
Primero: ¿y por qué no los hombres?
Segundo: ¿quién protestó y se levantó en Zaragoza cuando la guerra de Cuba mas que las mujeres? ¿Quién nutrió la manifestación pro responsabilidades del Ateneo, con motivo del desastre de Annual, mas que las mujeres, que iban en mayor número que los hombres?
¡Las mujeres!
¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar? ¿Es que no han luchado las mujeres por la República? ¿Es que al hablar con elogio de las mujeres obreras y de las mujeres universitarias no está cantando su capacidad?
Además, al hablar de las mujeres obreras y universitarias, ¿se va a ignorar a todas las que no pertenecen a una clase ni a la otra? ¿No sufren éstas las consecuencias de la legislación? ¿No pagan los impuestos para sostener al Estado en la misma forma que las otras y que los varones? ¿No refluye sobre ellas toda la consecuencia de la legislación? ¿No pagan los impuestos para sostener al Estado en la misma forma que las otras y que los varones? ¿No refluye sobre ellas toda la consecuencia de la legislación que se elabora aquí para los dos sexos, pero solamente dirigida y matizada por uno? ¿Cómo puede decirse que la mujer no ha luchado y que necesita una época, largos años de República, para demostrar su capacidad? Y ¿por qué no los hombres?
¿Por qué el hombre, al advenimiento de la República, ha de tener sus derechos y han de ponerse en un lazareto los de la mujer?
Pero, además, señores diputados, los que votasteis por la República, y a quienes os votaron los republicanos, meditad un momento y decid si habéis votado solos, si os votaron sólo los hombres. ¿Ha estado ausente del voto la mujer? Pues entonces, si afirmáis que la mujer no influye para nada en la vida política del hombre, estáis –fijaos bien– afirmando su personalidad, afirmando la resistencia a acatarlos. ¿Y es en nombre de esa personalidad, que con vuestra repulsa reconocéis y declaráis, por lo que cerráis las puertas a la mujer en materia electoral? ¿Es que tenéis derecho a hacer eso?
No; tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis como ese poder no podéis seguir detentándolo.
No se trata aquí esta cuestión desde el punto de vista del principio, que harto claro está, y en vuestras conciencias repercute, que es un problema de ética, de pura ética reconocer a la mujer, ser humano, todos sus derechos, porque ya desde Fitche, en 1796, se ha aceptado, en principio también, el postulado de que sólo aquel que no considere a la mujer un ser humano es capaz de afirmar que todos los derechos del hombre y del ciudadano no deben ser los mismos para la mujer que para el hombre. Y en el Parlamento francés, en 1848, Victor Considerant se levantó para decir que una Constitución que concede el voto al mendigo, al doméstico y al analfabeto –que en España existe– no puede negárselo a la mujer.
No es desde el punto de vista del principio, es desde el temor que aquí se ha expuesto, fuera del ámbito del principio –cosa dolorosa para un abogado–, como se puede venir a discutir el derecho de la mujer a que sea reconocido en la Constitución el de sufragio. Y desde el punto de vista práctico, utilitario, ¿de qué acusáis a la mujer? ¿Es de ignorancia?
Pues yo no puedo, por enojosas que sean las estadísticas, dejar de referirme a un estudio del señor Luzuriaga acerca del analfabetismo en España. Hace él un estudio cíclico desde 1868 hasta el año 1910, nada más, porque las estadísticas van muy lentamente y no hay en España otras. ¿Y sabéis lo que dice esa estadística? Pues dice que, tomando los números globales en el ciclo de 1860 a 1910, se observa que mientras el número total de analfabetos varones, lejos de disminuir, ha aumentado en 73.082, el de la mujer analfabeta ha disminuido en 48.098; y refiriéndose a la proporcionalidad del analfabetismo en la población global, la disminución en los varones es sólo de 12,7 por cien, en tanto que en las hembras es del 20,2 por cien. Esto quiere decir simplemente que la disminución del analfabetismo es más rápida en las mujeres que en los hombres y que de continuar ese proceso de disminución en los dos sexos, no sólo llegarán a alcanzar las mujeres el grado de cultura elemental de los hombres, sino que lo sobrepasarán. Eso en 1910. Y desde 1910 ha seguido la curva ascendente, y la mujer, hoy día, es menos analfabeta que el varón. No es, pues, desde el punto de vista de la ignorancia desde el que se puede negar a la mujer la entrada en la obtención de este derecho.
Otra cosa, además, al varón que ha de votar. No olvidéis que no sois hijos de varón tan sólo, sino que se reúne en vosotros el producto de los dos sexos. En ausencia mía y leyendo el diario de sesiones, pude ver en él que un doctor hablaba aquí de que no había ecuación posible y, con espíritu heredado de Moebius y Aristóteles, declaraba la incapacidad de la mujer.
A eso, un solo argumento: aunque no queráis y si por acaso admitís la incapacidad femenina, votáis con la mitad de vuestro ser incapaz. Yo y todas las mujeres a quienes represento queremos votar con nuestra mitad masculina, porque no hay degeneración de sexos, porque todos somos hijos de hombre y mujer y recibimos por igual las dos partes de nuestro ser, argumento que han desarrollado los biólogos. Somos producto de dos seres; no hay incapacidad posible de vosotros a mí, ni de mí a vosotros. Desconocer esto es negar la realidad evidente.
Negadlo si queréis; sois libres de ello, pero sólo en virtud de un derecho que habéis (perdonadme la palabra, que digo sólo por su claridad y no con espíritu agresivo) detentado, porque os disteis a vosotros mismos las leyes; pero no porque tengáis un derecho natural para poner al margen a la mujer.
Yo, señores diputados, me siento ciudadano antes que mujer, y considero que sería un profundo error político dejar a la mujer al margen de ese derecho, a la mujer que espera y confía en vosotros; a la mujer que, como ocurrió con otras fuerzas nuevas en la revolución francesa, será indiscutiblemente una nueva fuerza que se incorpora al derecho y no hay sino que empujarla a que siga su camino. No dejéis a la mujer que, si es regresiva, piense que su esperanza estuvo en la dictadura; no dejéis a la mujer que piense, si es avanzada, que su esperanza de igualdad está en el comunismo. No cometáis, señores diputados, ese error político de gravísimas consecuencias.
Salváis a la República, ayudáis a la República atrayéndoos y sumándoos esa fuerza que espera ansiosa el momento de su redención. Cada uno habla en virtud de una experiencia y yo os hablo en nombre de la mía propia. Yo soy diputado por la provincia de Madrid; la he recorrido, no sólo en cumplimiento de mi deber, sino por cariño, y muchas veces, siempre, he visto que a los actos públicos acudía una concurrencia femenina muy superior a la masculina, y he visto en los ojos de esas mujeres la esperanza de redención, he visto el deseo de ayudar a la República, he visto la pasión y la emoción que ponen en sus ideales. La mujer española espera hoy de la República la redención suya y la redención del hijo.
No cometáis un error histórico que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar; que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar al dejar al margen de la República a la mujer, que representa una fuerza nueva, una fuerza joven; que ha sido simpatía y apoyo para los hombres que estaban en las cárceles; que ha sufrido en muchos casos como vosotros mismos, y que está anhelante, aplicándose a sí misma la frase de Humboldt de que la única manera de madurarse para el ejercicio de la libertad y de hacerla accesible a todos es caminar dentro de ella.
Señores diputados, he pronunciado mis últimas palabras en este debate. Perdonadme si os molesté, considero que es mi convicción la que habla; que ante un ideal lo defendería hasta la muerte; que pondría, como dije ayer, la cabeza y el corazón en el platillo de la balanza, de igual modo Breno colocó su espada, para que se inclinara en favor del voto de la mujer, y que además sigo pensando, y no por vanidad, sino por íntima convicción, que nadie como yo sirve en estos momentos a la República española.

10 comentarios:

PIlar M Clares dijo...

De infame a infame:

El subdirector de investigación de la revista Interviú publica una novela sobre hombres y mujeres, y de la pésima entrevista que le hacen en Peridodista Digital, destaco estas joyas:

"Habla sobre las alegrías y penurias de esos hombres sobre los que nadie suele reparar. Además, Fernando Rueda lanza un mensaje muy clarito. Los hombres sí pensamos"

"Quiero que los lectores puedan sonreír continuamente con el libro pero también que se den cuenta que detrás de ese libro hay un drama. El drama de tres y medio de hombres que son single y que nadie cuenta ni refleja sus problemas"

"Nuestros padres o nuestros abuelos inventaron, por ejemplo, que las mujeres se tenían que depilar. Y ahora, el hombre actual se encuentra con que la mujer se está vengando de aquello que hicieron nuestros abuelos. De repente, quieren que nos depilemos nosotros también."

" El hombre es el que más problema tiene para mantener una relación. Estudios científicos dicen que las mujeres tienen una parte del cerebro preparado para los sentimientos. Nosotros no. Hay algo, no solamente espiritual, que hace que los hombres suframos más."

¡¡¡POBRECITOS...!!!

Rafael dijo...

No, pobrecitos no, no caigamos en los tópicos.
Y gracias, Clara Campoamor.

Mari dijo...

Primero que nada ¿Puedo linkearte?
Me parece relavente que acotes cuándo empezó la mujer a votar en España. En Francia fue en el 1944 en Suiza en 1971,en Kuwait en el 2005 y en estados Unidos en 1788. Cuando discuto a cerca de mi feminismo con la gente, muchas veces al recordales las fechas en el que las mujeres empezamos a votar, empiezan a ablandarse sus patriarcalismos. Esto no se trata de igualdad entre generos, como dice Luce Irigaray, somos absolutamente distintos.Pero aquí estamos hablando de derechos civiles. Me encanta tu blog!!!!

PIlar M Clares dijo...

Desde luego que hablamos de derechos civiles, y penales, en las últimas modificaciones de estos códigos se refleja ya la violencia de género, por ejemplo, que hasta ahora se había olvidado. Ser feminista es tanto como ser mujer, es inevitable cuando reconoces las desigualdades, por eso me alegra tanto a mí también tu comentario. Por supuesto que me puedes linkear, vamos, me encanta, y en cuanto a los datos que aportas sobre el voto femenino, interesantísmos, de hecho el otro día pensaba yo en cuándo comenzó la sociedad a votar, cuáles fueron las primeras manifestaciones ´que la historia reconozca sobre un acuerdo para tomar una decisión social. Voy a documentarme y a intentar hacer un post con esos datos. Es un tema muy interesante. Muchos besos, Mari, encantada de que conocerte.

Rafael, vaaaale, veeeenga, evito los tópicos, tienes razón, pero es que me indignó la entrevista, la exigencia del depilado (...), o ese pensar que no piensan los hombres...¿sabes qué pienso yo? que el autor quiere construir un escándalo, levantar un debate, para que le compren el libro. Los hombres más normales, menos machistas, creo que no se plantean este tipo de cuestiones, son eso, más normales ¿Qué piensas tú? de verdad que me interesa mucho tener tu punto de vista. Muchos besos también para ti.

chocoadicta dijo...

Gracias por darme a conocer el enlace de este blog porque como historiadora y como mujer me gusta mucho lo que he encontrado aquí.
El discurso de Clara es muy significativo, porque además de introducir las razones por las que cree en el sufragio femenino da a conocer la situación de la mujer en ese momento y su participación en la sociedad a pesar de no ser reconocida por ley con el sufragio. Se puden sacar muchas cosas provechosas del mismo, aunque tantas como nosotras hemos conseguido gracias a la valía de estas mujeres, aunque, eso sí, todavía queda algo por hacer.

julia dijo...

Sin la gente que se atreve a ser rebelde, a disentir, a mover al mundo, el mundo no avanzaría.
Qué bonito que la rebeldía mueve montañas...

PIlar M Clares dijo...

Hola a las dos, me alegra veros por aquí alrededor del discurso de Clara Campoamor. Desde luego, Julia, que es necesaria la rebeldía para que el mundo se mueva, y la más importante es la personal, la propia en las decisiones y posiciones en la vida; de las colectiva a veces dudamos o nos hacen dudar cuando compruebas que existen estrategias para que se piense en una dirección o en otra. No sé si estarás de acuerdo conmigo.

El caso de Clara C. es la lucha colectiva y personal junta, en un discurso, coincido contigo, chocoadicta, muy bien construido, muy a la altura de una excelente congresista. La pena es que se acabara con el franquismo; la suerte es que la lucha hacia la igualdad no la para ninguna ideología, aunque la retrase.
Besos a las dos. Gracias por entrar.

Mercedes dijo...

¿Qué sería más correcto o más adecuado decir: una mujer política o una mujer político?

Besos

PIlar M Clares dijo...

Pues como adjetivo existe tanto político como política, es decir, que se puede decir de una mujer perfectamente que es política porque se dedica a ello. La cosa está en normalizar el término, como tantas palabras, aplicadas a una mujer dentro de una profesión que han ocupado los hombres durante tanto tiempo. Y lo dice la misma Clara C., "os disteis a vosotros mismos las leyes". Ella, a sí misma se nombra como "diputado". Personalmente creo que hoy deberíamos acostumbrarnos al término "mujer política". No creo que deba dar miedo el género de las palabras ¿no?

Lucía Benítez dijo...

El género y la normalizaciónd e las situaciones son la última fase de un largo proceso que comienza con el reconocimeitno de la situación, la apropiaciónd e la palabra que permite elaborar un discurso alternativo en primera persona, la visibilidad, la reivindicación de los derechos, el voto y la ciudadanía, los cambios legislativos y, por último, la normalización social. Hay que hacerlo entre todos.