miércoles, mayo 17, 2006

A.J. LA MEMORIOSA


Ya no sólo un hombre en la tierra tiene el derecho a utilizar la palabra recuerdo, como dice Borges en "Funes el memorioso", genial relato sobre el tullido accidentado que comienza una nueva vida donde la memoria sustituye la pensamiento. A.J., californiana de 41 años, no fue una buena estudiante, ni tiene el don de la selección y descarte propios de la reflexión; es, como Funes, una víctima de la memoria sin control.

En su caso, el trauma que dio lugar a su "síndrome de hipermemoria", tal y como lo califican los neurólogos que la atienden y observan con asombro, fue un traslado de la familia a la Costa Oeste estadounidense cuando tenía 8 años. El deseo de reconstruir los recuerdos que dejaba atrás, el inicio de unos diarios que le ayudaran a ello y la inadaptación a su nuevo hogar la convirtieron en el personaje real de las ficciones borgianas.


Sus recuerdos, por difícil que parezca, se remontan a la cuna y a los esfuerzos por dar los primeros pasos; puede indicar el día de la semana de cualquier fecha, añadiendo con detalles dónde estaba y qué le ocurrió, porque son precisamente, según dice, las fechas las que desatan el proceso de recuerdo que desencadena obsesivamente el relato de los sucesivos días hasta caer exhausta.

Ni los diarios liberadores, ni los esfuerzos de los médicos consiguen acabar con la esclavitud de lo vivido. Continuamente, según cuenta, se ve recorriendo el pasado entero en su cabeza y esto la vuelve loca.

Después de cinco años de investigación, la ciencia no ha avanzado con su caso más allá de la descripción de lo que le ocurre; poco o nada saben respecto de las causas y el cómo. Lo suyo es un enigma neurológico que describe una
memoria automática absolutamente personal desde 1978 , año a partir del que es capaz de relatar los sucesos acontecidos día por día.

El ahora incomprendido por real Funes el memorioso, asociaba cada uno de sus recuerdos a las imágenes visuales y a las sensaciones; en el caso de la anónima J.A., todo lo que recuerda está inexorablemente unido a sus emociones, por lo que su vida es una película mental que nunca se detiene.

6 comentarios:

PIlar M Clares dijo...

Mi primer recuerdo se remonta también a la cuna, pero no tengo la certeza de que sea mío. Luego, ma agarro a las escaleras de mi casa enrabietada porque no quiero ir al cole.
¿Cuál es el primer recuerdo que guardas en tu memoria?

Mercedes dijo...

Mi primer recuerdo es en la playa, mi hermano recién nacido, y yo sin poderlo aguantar. Cunado lo veía solo en su cuna, me acercaba y lo observaba y, si me apetecía, le daba un pellizco. Entonces la familia venía hacia mí. Mi hermano es dos años menor que yo.
Me gusta contar esto. Hoy nos llevamos bien, eh.

wtunm dijo...

Pues mi primer recuerdo es nada, porque si quito los álbumes de fotos de cuando era pequeño, no creo que hubiera recordado nada. Quizás a partir de los ocho o nueve años, asociados al colegio y los compañeros.

Anónimo dijo...

Casi todos los recuerdos primeros son de verano. Yo tengo uno de invierno, con unas botas de agua de lunares, andaba ya, forradas de pelo por dentro, y un paraguas. Íbamos a casa de mis abuelos, a un pueblo cercano, en el coche.

Pedro M dijo...

Pobre memoriosa ¿vive aún? A mí cada día se me olvidan más las cosas.
Mis primeros recuerdos..ni idea

PIlar M Clares dijo...

Está viva, esta es una noticia de hace unos días. Los neurólogos la observan pero no tienen respuestas.
Normalmente el recuerdo lo reconstruimos, según tengo entendido, a partir de un proceso selectivo imprescindible (Machado: "de la memoria, solo vale el don preclaro de evocar los sueños").
Vivir así debe ser un tromento, además de una clara patología.
Gracias por vuestras aportaciones. Sois todos estupendos-as.

¡Ah, y se reciben recuerdos a toda hora, no os privéis, aquí nada está cerrado!