
En 1.920, Belén Sárraga, federalista y librepensadora feminista, representó a la Federación Provincial Obrera de Málaga en el Congreso de Librepensadores de Ginebra. En una publicación posterior sobre lo que allí se debatió, recoge la intervención de la representante de Suiza:
"... Madame Starkof se levanta y en un arranque generoso de indignación dice, dirigiéndose a los hombres:
--Intentáis ir contra el autoritarismo eclesiástico y gubernamental, ¿y el vuestro para con la mujer y el niño? ¡Cuán evidente es que esas conclusines las formuló una comisión en la cual no había ninguna de nosotras!"
"Semejantes palabras- prosigue Sárraga- producen expectación en el auditorio. Algunos sabios graves miran con recelo a aquella ciudadana que así se revuelve contra la injusticia social; quizás no habían contado con que las reclamaciones del feminismo robasen tiempo a las cuestiones filosóficas (...) Madame Starkof propone: abolición absoluta del poder marital y paternal degradante para la mujer y peligroso para el niño"
Más adelante, la misma Belén Sárraga interviene en el debate y lo cuenta así:
"Me levanto y un sordo rumor recorre la asamblea; esto me hace sonreír tristemente; adivino el pensamiento de la mayoría. Va a hablar la hija del país sanguinario y católico de los torquemadas (...) Comprendo que por azares de la suerte tengo en aquel momento la alta misión de ayudar a la dignificación de mi patria ante Europa (...) Discutimos --digo-- uno de los puntos quizás el más importante que debe resolver esta asamblea. El autoritarismo religioso en sus distintas manifestaciones sólo puede llevar a la humanidad a caminos de perdición. El autoritarismo del Estado mata la libertad individual sin la cual el hombre pierde la cualidad que más dignifica. Ambos toman vida de otro autoritarismo aún más peligroso: el autoritarismo de la familia".
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